Reserva de Ñacuñán
"Al promediar el día el sol no era lo único
que los torturaba: el cielo entero era una cúpula metálica
calentada al blanco. La luz implacable los aplastaba; el sol era
todo el cielo. (...) Las plantas se volvían más altas
día a día, las espinas más fuertes y más
crueles. Algunas alcanzaban ya la estatura de árboles de
copa ancha y chata, siempre tentadores, pero una nube de humo hubiera
protegido mejor de los ataques del sol." (Paul Bowles,
El cielo protector)
La Travesía del Tunuyán
Mendoza
es una provincia de grandes contrastes geográficos, y las
llanuras dominan prácticamente toda la porción oriental
(Figura ).
La Llanura de la Travesía, mejor conocida como Travesía
del Tunuyán, es una amplia planicie que limita al oeste con
las Huayquerías (mal país o 'bad-lands', un conjunto
de cerros y mesetas de unos 1400 m de altura), al norte y al sur
con los ríos Tunuyán y Diamante, respectivamente,
y al este con el Desaguadero. Se trata de una profunda cuenca inclinada
suavemente hacia el este y rellenada durante parte del Terciario
y el Cuaternario por sedimentos fluvio-eólicos provenientes
de las montañas. Aunque en la actualidad prácticamente
carece de drenaje superficial, los ríos divagaron repetidamente
por la planicie en el pasado, dejando complejos de paleocauces (con
dirección predominante oeste-este) por los que hoy escurren
las aguas freáticas provenientes de las zonas altas occidentales.
En la superficie domina el modelado por acción del viento,
con formación de médanos, hoy mayormente fijados.
Los suelos, en consecuencia, son principalmente arenosos, profundos,
poco evolucionados, rápidamente mineralizados y con escasa
materia orgánica.
Las travesías son bolsones de gran extensión, en
los cuales las montañas que los delimitan lateralmente se
pierden en la distancia. En la Travesía del Tunuyán
se encuentran todos los elementos típicos de un bolsón:
las Huayquerías, al oeste, son los cordones montañosos
sometidos a erosión, seguidos hacia el este por la bajada
(una suave pendiente) que desemboca en la playa de Ñacuñán,
el fondo chato o planicie aluvial que recibe la humedad que se escurre
desde las tierras altas, determinando una zona con freática
poco profunda. Sobre esta playa se ubica la Reserva de Ñacuñán.
Más al este se encuentra una llanura arenosa surcada por
médanos fijos y luego una porción deprimida, la planicie
aluvial antigua del Desaguadero, con pequeñas lagunas temporarias
y meandros cercanos al río.
La vegetación de la travesía es relativamente simple.
La bajada está ocupada por una estepa arbustiva de Larrea
divaricata con Bulnesia retama y buena cobertura de gramíneas.
En la playa de Ñacuñán se desarrolla un algarrobal
de Prosopis flexuosa, que alterna con jarillales de Larrea
cuneifolia en zonas bajas y con comunidades asociadas a médanos.
La llanura arenosa presenta un jarillal alto de Larrea divaricata
y cordones de médanos con gramíneas (fundamentalmente
Aristida mendocina), mientras que, llegando al Desaguadero,
aparecen algarrobales aislados y comunidades halófilas sobre
suelos con mal drenaje, frecuentemente inundados.
Ubicación e historia
La Reserva de Ñacuñán (Figura )
está ubicada en el sur del Departamento Santa Rosa, Provincia
de Mendoza. Tiene una superficie de 12800 ha y dentro de sus límites,
sobre la ruta 153 que la atraviesa de norte a sur, se
encuentra el pueblo de Ñacuñán (20 viviendas,
78 habitantes). El término 'Ñancuñán'
significa "aguilucho perdido" en idioma mapuche.
El área estuvo poblada por indígenas nómades
cazadores y recolectores de frutos (presumiblemente araucanos o
mapuches) hasta que fueron desalojados después de la conquista
del desierto. El campo, tierra fiscal desde tiempos coloniales,
fue rematado y pasó a manos privadas en 1907. A partir de
entonces y hasta 1937 se produjo una deforestación intensiva.
Los
árboles fueron cortados por tala rasa, dejando tocones de
4060 cm de alto de los cuales, por rebrote, se recuperaría
el bosque. Los productos forestales eran utilizados principalmente
para destilar gas de alumbrado para la ciudad de Mendoza. Entre
1908 y 1935 (aunque casi enteramente hasta 1916), unas 200000 toneladas
de productos del bosque (leña, madera, carbón y carbón
de leña) fueron cargadas en la estación Ñacuñán
del ramal sur del Ferrocarril Gran Oeste Argentino. Una vez que
desapareció el bosque, el campo fue destinado a la explotación
ganadera a veces en manos privadas, otras en manos de la provincia
hasta que, en 1961, se creó por ley provincial la Reserva
Forestal de Ñacuñán. No obstante, la actividad
ganadera no cesó, debido a la ausencia de alambrados y de
control. Recién en 1966 comenzó a desarrollarse la
infraestructura de la reserva, que pasó a ser manejada por
el IZAS (actualmente IADIZA) en 1970. La reserva se terminó
de alambrar en 1971 y desde entonces está exenta de pastoreo,
aunque en una pequeña área restringida se mantienen
unos pocos caballos. Durante los años subsiguientes se recuperó
la cobertura herbácea y actualmente la superficie de la reserva
contrasta con los campos privados que la circundan (Figura ),
donde sigue desarrollándose ganadería extensiva de
bovinos para cría. En 1986, luego de siete años de
gestiones, la reserva se incorporó oficialmente al programa
MAB de la UNESCO, convirtiéndose así en la Reserva
del Hombre y de la Biosfera de Ñacuñán.
Geomorfología y suelos
Ñacuñán está ubicada en la playa de
divagación de las Huayquerías en la Travesía
de Tunuyán. En la reserva se distinguen tres unidades geomorfológicas,
cada una de ellas asociada con un tipo de vegetación: (1)
llanura suavemente ondulada, (2) depresiones y (3) médanos.
La
llanura ondulada constituye la mayor parte de la reserva. A una
altura promedio de 540 m sobre el nivel del mar (entre 490 y 600
m), tiene una pendiente muy leve menos del 1% hacia
el este-sudeste. La llanura en sí es una cuenca rellena por
loess hasta unos 150170 m de profundidad. El suelo es limo-arenoso,
pardo rojizo y pobre en materia orgánica.
Las depresiones están representadas por cauces secos y por
franjas arcillosas. Ambos están orientados en dirección
noroeste-sudeste. Los primeros, relativamente recientes, encauzan
las aguas que bajan ocasionalmente del oeste en forma de aluviones.
En el segundo caso, se trata de bandas más anchas, poco profundas,
en donde se acumulan las arcillas acarreadas superficialmente por
el agua de lluvia. Sus suelos, por consiguiente, son arcillosos
y con escaso escurrimiento, y en algunos sectores se hacen impermeables,
relativamente salinos y calcáreos, constituyendo peladares.
Los médanos que alcanzan hasta 30 m de altura
están orientados en sentido noroeste-sudeste y están
conformados por arenas gruesas acumuladas por el viento (Foto ).
Están prácticamente fijados: el Médano Negro
(el mayor de Ñacuñán, de 6 km de largo por
1.5 km de ancho) no registra modificaciones importantes desde su
primera medición, en 1903.
No existen en Ñacuñán cursos de agua permanentes
sino cauces superficiales temporarios, que nacen al oeste, en las
Huayquerías. Las aguas subterráneas (que forman parte
de la sub-cuenca Mendoza Centro Este) corren relativamente profundas:
desde 150 m de profundidad al oeste de la reserva, disminuyendo
hacia el este hasta 1015 m cerca del Desaguadero. En la reserva,
la napa está a más de 70 m de profundidad. Aparentemente,
en el subsuelo se alternarían capas permeables limo-arenosas
con capas semipermeables apoyadas sobre niveles arcillosos lenticulares.
El agua que percola desde la superficie o que proviene de las zonas
de recarga al oeste quedaría retenida un tiempo considerable
entre los niveles semipermeables, formando acuíferos colgados
que serían responsables de la humedad subsuperficial que
mantiene al bosque.
Clima
Características generales
El clima de Ñacuñán es árido-semiárido,
estacional, con veranos cálidos y relativamente húmedos
e inviernos fríos y secos. Corresponde a un DB'2da' (semiárido,
mesotermal, seco, con bajo porcentaje de eficiencia térmica
en verano) según Thornthwaite, al Tipo III (subtropical,
caluroso y árido, con lluvias estivales e inviernos fríos)
de Walter y al Bswk (seco, estepario, con lluvias estivales y frío
en invierno) de Koeppen.
El
climatograma correspondiente a Ñacuñán ( Figura)
fue realizado a partir de datos obtenidos en la estación
meteorológica de la reserva, usando los registros de temperaturas
del período 19721990, y de precipitaciones del período
19721998. En la figura ( )
se aprecia claramente la marcada diferencia climática entre
estaciones. Los meses agrupados en el extremo superior derecho del
gráfico corresponden al verano térmico (i.e., el período
con temperaturas promedio diarias superiores a los 20°C), que
en Ñacuñán abarca desde la segunda quincena
de noviembre hasta la primera de marzo. En el otro extremo aparecen
los meses que constituyen el invierno térmico (i.e., el período
con temperaturas promedio diarias menores a 10°C), que va desde
la segunda quincena de mayo hasta la segunda de agosto. Aunque entre
noviembre y marzo hay una estación relativamente húmeda
de acuerdo a la relación temperaturaprecipitación
( Figura),
el balance hídrico es deficitario a lo largo de todo el año
(i.e., la evapotranspiración siempre es mayor que las precipitaciones).
La evapotranspiración potencial es de 807.4 mm y el déficit
hídrico es de 478 mm (para el periodo 19721992).
Temperatura
La temperatura promedio anual es de 15.6°C. La máxima
y la mínima promedio anuales son 23.8°C y 7.6°C,
respectivamente. Estos valores están en el extremo del rango
registrado en el Monte. La temperatura promedio mensual es menor
de 10°C en los meses del invierno y mayor de 20°C en verano
(Figura ).
Las temperaturas máxima y mínima absolutas registradas
en la reserva fueron 42.5°C y -13°C, respectivamente. La
duración promedio del periodo libre de heladas está
entre 90120 días y se han registrado mínimas
absolutas por debajo de los 0°C entre marzo y noviembre. La
oscilación diaria de la temperatura es grande: su valor promedio
es de 16.2°C.
Precipitaciones
El
promedio de precipitaciones anuales en Ñacuñán
es de 333.6 mm. Los registros meteorológicos para la zona
de influencia indican un promedio de 294.7 mm (para 74 años).
El número promedio de días del año con lluvias
es de 57.8. Las lluvias de la época estival suelen ser de
carácter convectivo, de mayor intensidad y menor duración,
asociadas a tormentas eléctricas localizadas (Foto )
y, a menudo, acompañadas de granizo. Por el contrario, en
invierno están asociadas a frentes ciclónicos de gran
escala, son de baja intensidad y de mayor duración. Las características
salientes del régimen de lluvias de Ñacuñán
son (1) su marcada estacionalidad y (2) su gran variabilidad interanual.
La variación estacional de las precipitaciones es muy pronunciada:
el 78% de las lluvias se concentran en la primavera-verano (octubre
a marzo), aunque octubre es notoriamente más seco (Figura ).
El grado de estacionalidad del régimen de precipitaciones
está descripto de una manera muy minuciosa en la figura ( ),
en la cual se utilizó un análisis de autocorrelación
de series temporales con los valores mensuales de precipitaciones
del período 19721998. El análisis se basa en
el cálculo de la correlación para todos los pares
de datos separados por un intervalo de tiempo determinado. La autocorrelación
es negativa (o positiva) cuando un valor está negativamente
(o positivamente) correlacionado con valores correspondientes a
un determinado periodo de tiempo anterior o posterior. Una autocorrelación
cercana a cero indica independencia entre los valores (en este caso,
una incapacidad para predecir valores a partir de los correspondientes
al periodo anterior considerado). El
resultado muestra claramente el patrón estacional de las
lluvias ( Figura):
hay una autocorrelación significativa positiva para intervalos
cercanos a los doce meses y una negativa con los cercanos a los
seis meses (i.e., si un mes es seco, entonces doce meses después
será seco y dentro de seis meses será húmedo).
El patrón es tan marcado que se observa aun sin haber estandarizado
los datos para remover el efecto de las grandes diferencias interanuales
en los valores de precipitaciones.
La
variabilidad interanual de las lluvias es grande (Figura ).
Las precipitaciones varían entre 192.6 y 532.8 mm, con un
coeficiente de variación de 30%. Esta variabilidad está
asociada con las tendencias erráticas de las precipitaciones.
Por ejemplo, al año más lluvioso del registro (1985)
le sigue uno de los más secos. En ambientes áridos
estacionales, la precipitación total anual puede ser menos
relevante biológicamente que las lluvias que caen en la época
en que pueden ser aprovechadas al máximo por las plantas
(i.e., la estación de crecimiento; octubre a marzo). La variabilidad
interanual de las lluvias de ese período es también
muy grande en Ñacuñán (Figura ),
y es mayor que la del periodo invernal (error estándar del
promedio: 15.51 vs ES = 7.32 para el periodo invernal).
Vegetación
Los tres ambientes representativos de Ñacuñán
son: (1) el algarrobal de Prosopis flexuosa, que ocupa la
llanura ondulada; (2) el jarillal de Larrea cuneifolia, restringido
a las franjas de suelo arcilloso; y (3) la comunidad de los médanos
(medanal).
La
mayor parte de la reserva está ocupada por el algarrobal
(Figura ).
Se trata de un bosque abierto con estratos bien definidos (Foto ).
El
arbóreo está representado por el algarrobo (Prosopis
flexuosa), que alcanza hasta unos 7 m de altura y posee una
cobertura de 412%, y por el chañar (Geoffroea decorticans),
de menor altura y cobertura, a menudo en grupos de numerosos ejemplares.
En el estrato arbustivo predomina marcadamente la jarilla Larrea
divaricata, que alcanza una cobertura de 1132% y alturas
de hasta 3 m. Otros arbustos de importancia son Condalia microphylla,
Capparis atamisquea y Atriplex lampa. Puede distinguirse
un estrato subarbustivo de especies que raramente sobrepasan el
metro de altura; las más abundantes son Lycium chilense,
Lycium tenuispinosum, Verbena aspera y Acantholippia seriphioides.
Finalmente, en el estrato herbáceo predominan las gramíneas;
su cobertura es de 2550%. Se destacan Pappophorum spp.,
Digitaria californica, Trichloris crinita, Aristida spp.,
Sporobolus cryptandrus y Setaria leucopila. Todas
las gramíneas con excepción de Stipa
spp., de menor importancia son plantas C4 y la gran mayoría
son perennes. Numerosas especies de dicotiledóneas contribuyen
al estrato herbáceo (principalmente Chenopodium papulosum,
Phacelia artemisioides, Sphaeralcea miniata, Parthenium hysterophorus,
Glandularia mendocina y Descurainia spp.), aunque su
presencia y cobertura usualmente menores que las de las gramíneas
varían mucho entre años en respuesta a las precipitaciones.
Los
jarillales de Larrea cuneifolia ocupan anchas franjas que
se intercalan en el algarrobal (Figura ).
La dominancia de la jarilla Larrea cuneifolia es muy marcada
(Foto ),
con un 3040% de cobertura. El algarrobo tiene una densidad
muy baja, con individuos aislados separados por grandes distancias.
La cobertura de gramíneas (fundamentalmente Sporobolus
cryptandrus y Trichloris crinita) es alta similar
a la que se registra en el algarrobal y usualmente mucho mayor
que la de las herbáceas dicotiledóneas.
En
el medanal se desarrolla un estrato herbáceo de especies
restringidas a los médanos (Foto ),
entre las que se destacan Panicum urvilleanum, Solanum euacanthum,
Nicotiana petunioides, Hyalis argentea y Gomphrena martiana,
que alcanzan gran cobertura luego de las lluvias. El estrato arbustivo
tiene una cobertura baja; son frecuentes Larrea divaricata, Ximenia
americana y Lycium chilense.
Otros
ambientes de la reserva de extensión restringida (Figura )
son los chañarales (grupos aislados de Geoffroea decorticans,
especialmente al pie de los médanos y asociados a cauces
secos), los jarillales de Larrea divaricata (especialmente
en la parte norte de la reserva), y los retamales (grupos de Bulnesia
retama, restringidos a la parte austral de la reserva). De menor
importancia aun, pueden mencionarse los zampales de Atriplex
lampa, los peladales de las zonas bajas con pobre drenaje ( Foto)
y las ciénagas en áreas en las que se acumula el agua
de lluvia.

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